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La Palabra
BARBAS EN REMOJO
Hay quienes dicen que el refrán o frase
proverbial ³Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las
tuyas en remojo² no es correcta, pues debe decirse ³Cuando veas las bardas
de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo². Argumentan que es ilógico
y absurdo hablar en este caso de barbas, en vez de bardas, pues
estas son una especie de cercas o de setos muy comunes en fincas rústicas en
España, y que es más factible que se incendien y ardan, caso en el cual
el vecino debe tomar precauciones para que el fuego no llegue a las suyas.
Están equivocados. La frase proverbial ³Cuando veas las barbas de tu
vecino arder, pon las tuyas en remojo² no aparece en el DRAE, ni en ningún
otro de los muchos diccionarios que yo haya consultado. Sin embargo, en el
monumental Diccionario de uso del español, de doña María Moliner,
hallamos una frase equivalente: ³Cuando la (s) barba (s) de tu vecino
veas pelar, pon las tuyas a remojar², y dice al respecto: ³Refrán que
se emplea como aviso o que aconseja escarmentar con lo que se ve que les pasa a
otros².
Esta misma frase, con el verbo pelar en vez de arder, la
encontramos también en muchos otros diccionarios o enciclopedias, exactamente o
con ligeras variantes que no modifican su significado. Así vemos, por ejemplo,
en la famosísima Enciclopedia Universal Ilustrada Europea-Americana, más
conocida como Enciclopedia Espasa: ³Cuando la barba de tu vecino
vieres pelar, echa la tuya a remojar o en remojo², frase
que leemos también en el Diccionario Enciclopédico Espasa y en el Diccionario
enciclopédico Salvat. En la Enclopedia Espasa se da también la
frase apocopada: ³Echar la barba a remojar: Escarmentar en cabeza
ajena², derivación, sin duda, de la primera.
Lo más interesante, quizás, es que la frase en cuestión es mucho más vieja
de lo que pudiera creerse. Figura ya en el primer diccionario de la lengua
castellana, el venerable Tesoro de la lengua castellana o española, de
don Sebastián de Cobarruvias (1611), donde leemos: ³Quando vieres la barba
de tu vezino pelar, echa la tuya en remojo; si vemos seguirse algún daño
a los que son de nuestra condición y trato, devemos temer que otro día avrá
de acontecer por nosotros, y prevenirnos para que el golpe no sea tan recio².
Más tarde aparece también en el Diccionario de Autoridades, nombre con
que se conoce la primera edición del DRAE, publicado en tres tomos entre
1726 y 1737: ³Quando la barba de tu vecino vieres pelar,
echa la tuya a remojar². Y este diccionario da a entender, además, que el refrán
es más viejo que nuestro idioma, pues cita la versión latina: ³Barbam
propinqui radere, heus, cum videris, / Praebe lavandos barbulae prudens pilos²:
³Hola, cuando veas pelar la barba de tu vecino, es prudente que tú
presentes la tuya para que sea remojada². (Agradezco la traducción
libre a mi amigo, consumado latinista, Blas Bruni Celli).
El refrán apareció en el DRAE por lo menos hasta la décimoséptima edición,
de 1947: ³Cuando la barba de tu vecino vieres pelar, echa la tuya
a remojar, o en remojo². De ahí en adelante ya no figura, pese a
que sí se conservan muchos otros refranes referentes a la barba. La razón
por la que se le sacase del diccionario no la conozco.
En muchos de los refraneros y diccionarios de refranes publicados en España no
figura esta frase. Pero en el estupendo Diccionario de refranes de Juana
G. Campos y Ana Barella (Espasa Calpe. Madrid; 1993. p. 41) hallamos: ³Cuando
la barba de tu vecino vieres pelar, echa la tuya a remojar (Ac.). Cuando
la barba de tu vecino vieres pelar, echa la tuya en remojo (Ac.). Cuando la
barba de tu vecino vieres pelar, pon la tuya en remojo (Corbacho, 59). Cuando la
barba de tu vecino veas pelar, echa la tuya en remojo (Criticón, III, 207).
Cuando la barba de tu vecino vieres arderŠ (Galdós: ³De Oñate², 125). (Š)².
Como se ve, son varias y muy importantes las fuentes que señala este
diccionario para el refrán que nos ocupa. Según esto, al parecer fue en una
obra de Benito Pérez Galdós donde por primera vez apareció escrito el refrán
con el verbo arder, en vez de pelar, aunque no se señala la razón
de ese cambio. Pero el uso en el refrán del verbo pelar se explica
porque éste, entre otras cosas, significa ³Cortar, arrancar, quitar o raer el
pelo² (DRAE). O, como dice Cobarruvias en su ³Tesoroв: ³Pelar: Arrancar el
pelo. Pelar, comerle a uno su hazienda, como hazen las rameras que pelan a los
mancebos. Pelado, el que no tiene pelo. Pelarse, el que pierde el pelo por
enfermedad, que llaman la pelona².
Por otra parte, es costumbre muy antigua que, para pelar los animales de
cerda destinados a la cocina y la mesa, lo mismo que para desplumar las aves, se
les baña profusamente con agua muy caliente, a fin de hacer la operación más
fácil. Del mismo modo, los barberos acostumbran desde antiguo mojar la barba
del cliente con agua caliente para facilitar el afeitado. Desde luego, no se
trata de agua demasiado caliente, pero de ahí, posiblemente, viene la idea,
mediante una metáfora, de poner las barbas a remojar cuando vemos pelar
(afeitar) las del vecino, para cuando nos toque el turno, y también la
sustitución metafórica del verbo pelar por arder.
En cambio de todo lo dicho, no hemos hallado la frase Cuando veas las bardas
de tu vecino arderŠ escrita en ninguna parte, ni en diccionarios, ni en
refraneros, ni en obra escrita alguna.
No tiene sentido rechazar la frase con barba y arder porque
supuestamente carezca de lógica. En Castellano abundan las frases proverbiales,
las llamadas frases hechas, que rompen los moldes de la lógica. ¿Qué lógica
podemos hallar, por ejemplo, en frases como a pie juntillas; me cayó como
pedrada en ojo de boticario; dijo a llorar; dijo a correr; a grito pelado; a
buen tun-tún; a la chita callando; no hay tu tía; dar la cola; echar o
tirar la casa por la ventana; echarse la casa encima; no tener pelos en la
lengua; subírsele a alguien los humos a la cabeza; loco de bola; loco de
perinola; sin ton ni son; a troche y moche; mondo y lirondo; corriente y
molienteŠ
La lengua, claro está, se basa en un esquema lógico, pero este no es tan rígido
como la gente cree, y a menudo es derrotado por la dinámica de la lengua, que
es la dinámica de la vida. Y como dice don Andrés Bello en el prólogo de su
gramática, ³En el lenguaje lo convencional y lo arbitrario abraza mucho más
de lo que comúnmente se piensa².
En fin, no hay duda de que la forma primigenia y auténtica del refrán es con barbas,
y no con bardas, sin que importe para nada que el verbo pelar haya
sido cambiado por arder, ni que esta forma, no obstante lo absurdo que
pueda ser, es la que haya prevalecido.
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